La Espiral ya no puede entenderse únicamente como una forma heredada ni como un recurso formal dentro de la historia del arte. A lo largo de este recorrido por mi experiencia de vida en Cuba, por las características de la polímita y por parte de mi trabajo artístico, ha aparecido como estructura natural, como lenguaje, como práctica y co
La Espiral ya no puede entenderse únicamente como una forma heredada ni como un recurso formal dentro de la historia del arte. A lo largo de este recorrido por mi experiencia de vida en Cuba, por las características de la polímita y por parte de mi trabajo artístico, ha aparecido como estructura natural, como lenguaje, como práctica y como límite, diría que aparece como una dimensión que articula todas las anteriores cuando la vemos como un fenómeno de acumulación de memoria.
En el arte contemporáneo, la espiral sigue presente, aunque muchas veces ya no se manifieste como figura evidente. Aparece en prácticas donde la repetición, la variación y la superposición organizan el trabajo.
Tal vez por eso la espiral sigue siendo una forma relevante. Una promesa de expansión infinita que cuando se trunca por condiciones externas impuestas deja de expandirse y descubre lo que permanece inmóvil, lo que insiste y resiste sin que nada cambie.
Testimonio de los hechos ocurridos en los días previos y sucesivos al planeado homenaje a Celia Cruz en Cuba por el cien aniversario de su nacimiento.
Eventos planeados por artistas de varias manifestaciones como la música, el teatro y las artes plásticas, fueron censurados y cancelados por funcionarios del gobierno cubano en Octubre del
Testimonio de los hechos ocurridos en los días previos y sucesivos al planeado homenaje a Celia Cruz en Cuba por el cien aniversario de su nacimiento.
Eventos planeados por artistas de varias manifestaciones como la música, el teatro y las artes plásticas, fueron censurados y cancelados por funcionarios del gobierno cubano en Octubre del 2025.
Este libro incluye las pinturas de Celia que iban a ser expuestas en la Fábrica de Arte Cubano, una colección de carteles y una pequeña reseña histórica de la vida de Celia Cruz ilustrada con recortes de periódicos, revistas y otros pertenecientes a la colección privada del historiador Dr. Emilio Cueto.
Las nuevas generaciones son herederas, en sus genes, de la memoria sonora de Cuba: los tambores de los behiques, los cantos de los cimarrones en los palenques, el changüí en los cafetales de Guantánamo o la Habanera de Lecuona, la dulce letra de La Bayamesa o la vibrante tonada del Himno de Bayamo.
Muchos son los nombres que escribieron, y siguen escribiendo, esa memoria que nos hace sonar a Cuba, que nos identifica entre todos los sonidos del mundo. Pero hay uno que ilumina más esa historia, uno que brilla con un resplandor único y especial: Celia Cruz, la reina de la salsa, la voz del azúcar y el ritmo, La Guarachera de Cuba.
Celia cantó desde Cuba para el mundo y desde el mundo para Cuba y, aunque el destino le impuso el dolor de la distancia aprendió como nadie a convertir el exilio en esperanza y su voz nunca fue acallada por la censura que la quiso borrar del acervo cultural cubano.
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